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Vida nueva, vida en pareja
Has comenzado una vida nueva, una vida que ahora no solamente es tuya, sino de ambos y habrá muchísimos cambios en ella. Pero todo es parte del sueño que desde hace tanto esperabas que se hiciera realidad. Para vivir en pareja se requiere de imaginación. Las revistas de todos los tiempos, pero sobre todo las actuales, han señadado con extraordinaria abundancia de consejos, los aciertos y los errores factibles en la vida "conyugal". Si comparamos la intensidad y las formas de establecer la vida en común, nunca como ahora las mujeres y los hombres han de conquistar el ámbito de la imaginación con absoluta urgencia. Los límites y las reglas para vivir con otra persona, deberían estipularse con talento e integridad para constituir el espacio adecuado que nos atribuimos guiados por nuestras propias inquietudes y deseos. En las miles historias de parejas partimos de situaciones desde curiosas hasta conflictivas, en la medida en que el protagonismo de que gozamos desde niños radica tanto en lo íntimo o propio, como en el domino de la cultura moderna especialmente favorable para hacernos pensanr en tal privilegio. Este llamado a la imaginación pretende reconsiderar a la fantasía no como el límite de la razón cuando nos repetían hasta la saciedad las frases aquellas de "sentar cabeza" o de "llegar a la edad de la razón", sino como el esfuerzo por reunir los extremos de la razón, pasión, sentimiento y creatividad para hablar de plenitud y de aventura en el presente. Sin pretender reconstruir la infancia o los paraísos perdidos que, como sabemos, jamás se recuperan, la mirada hacia atrás o el viaje al recuerdo contiene pasajes y trajectos en donde persiste el deseo. La perspectiva del mundo deseado, sin embargo, encuentra o confirma otras sospechas cuando se caen los velos con los que se cubre la instancia oficial del amor institucional: la fidelidad, la entrega única en la relación matrimonial. Los descubrimientos de la vida en pareja pueden colmarse de absoluto placer, amor, seguridad, protección; pero también de soledad y maltrato cuando las condiciones reales no son las esperadas. Quizás por eso hay que considerar si la vida en común ha cedido su lugar a otra etapa; la necesidad de saber, explicar y comprender situaciones imprevistas; incluso dignas, en contra de la esperanza de la felicidad perdida en los primeros tiempos de relaciones, sin importar que sean semanas o años. El resguardo de la propia voz y mirada provoca diferencias entre las expectativas y realidades. A través del tiempo de convivencia vamos generando un continuo discernimiento acerca de si esta figura que se refleja ante el espejo sigo siendo "yo" o se transfigura en alguien que apenas reconozco. Nuevas identidades parecen multiplicarse, de manera inocente o perversa se trasciende la propia voz, el "cuidado por los demás" va marcando el lugar y el tiempo de otro(a) y de otros personajes con los que se pueble el escenario aquel en donde "yo" era la figura principal; entre el pasado y el presente los rasgos distintitvos tienen a perderse. Una voz apenas audible posiblemente advierta el cambio de imagen, y nos obligue a repensar los límites contractuales de: "ahora, desde este momento han formado una sola persona", porque si lo admitimos sin reflexionar, pronto no seremos ni la sombra de aquel personaje que habíamos imaginado en nuestras más entrañables historias. Cada quien haría bien en resguardar su proceso creativo, su capacidad de asombro y de crecimiento continuo en aras de constuir los cimientos de una pareja formada por dos individuos, no de un ser indivisible que pretende jugar el papel de la divinidad. De los pasajes más profundos sobre este tema están escritas grandes historias. Una de ellas es, la mujer rota, de Simone de Beauvoir. Es una escritura biográfica de esa vida que se quiere experimentar. Para vivir en pareja se requiere de gran imaginación.
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